EL
IMPERIALISMO YANQUI GLOBALIZADO
El capitalismo salvaje, ya dio sus frutos, el
capitalismo yanqui globalizado o globalización del capital, etapa superior de
éste. El imperialismo también los dio:
la sociedad mediocrática consumista enajenada de brutos, mayoritariamente.
La ley de la lucha por la vida, y la consiguiente
selección de los mejores adaptados a sus condiciones, domina ampliamente en la
evolución biológica. El capitalismo
salvaje la asume y la pone en práctica, en beneficio de sus miserables
intereses. Los más fuertes vencen a los
débiles, los explotan, los enajenan, los asimilan como factoría o colonia. El poder de un imperio se cimenta en su
riqueza y en su poderío militar. La
riqueza la consigue de la explotación de los pueblos sometidos y de la
apropiación de sus materias primas. La
fuerza militar le sirve para defender los territorios ocupados y la riqueza mal
avenida y, evidentemente, para acrecentar esta última.
Los pueblos más fuertes, desde que el mundo es
mundo, han ejercido una política imperialista y la encarnan en un individuo
representativo: Alejandro de Macedonia,
el César en Roma, Napoleón en Francia, Hitler en Alemania, Mussolini en Italia,
Franco en España, etc. Como la
hegemonía de la civilización no es patrimonio eterno de ningún pueblo, por
poderoso que éste sea, después del apogeo del imperio viene su decadencia, y
otros grupos sociales lo reemplazan. La
superioridad no es antropológica, sino histórica, política y económica. La globalización del capital tiende a acentuar
la absorción o subordinación de los países pequeños. La producción y la privatización han creado condiciones
favorables a este fenómeno.
El imperialismo tiene por exponentes una doctrina,
una política y un sentimiento que hablan en nombre de una raza superior. Cada uno de ellos interpreta a la masa
enajenada y chovinista que está a su espalda.
Los imperialismos que ha conocido la humanidad, han
tenido una doble moral que imponen a los cobardes y a los rastreros. Cuando hablan de paz, están hablando de la
paz de los cementerios, se creen encargados de tutelar a los demás y le ofrecen
la falacia que algún día éstos recibirán los beneficios de una sociedad más
evolucionada creada por ellos.
El proceso de formación del imperialismo yanqui
globalizado o globalización del capital, empezó a desarrollarse hace más de
doscientos años, con el exterminio de los pueblos indígenas de los Estados
Unidos y la anexión de la mitad del territorio mexicano. Saqueó las materias primas de los países
latinoamericanos, que componen su patio trasero. Cuando algún régimen progresista quiso producir algunos cambios
de forma en las relaciones con el amo imperial, lo invadió, lo bombardeó, o con
la complicidad de las fuerzas armadas cipayas, derrocó a los gobiernos
democráticamente elegidos por el pueblo: Panamá, Granada, Guatemala, Nicaragua,
Cuba, Chile, Brasil, Argentina, etc. son algunos ejemplos que no se deberían
olvidar.
El imperialismo yanqui siempre ha hecho la guerra
fuera de su territorio nacional: Vietnam.
Se subió al carro de los ganadores al final de la segunda guerra
mundial. Jamás la humanidad olvidará la
tragedia de Hiroshima y Nagasaki, donde fueron asesinados miles de inocentes
por la detonación criminal de dos bombas atómicas, después que Japón se había
rendido. Desde el infausto nacimiento,
el imperialismo yanqui, impone su ley: ¡conmigo o contra mí! Por su sumisión les ha ofrecido a sus epígonos,
paniaguados aliados: libertad, democracia, y justicia en la medida de lo posible. Pero esto último no es gratis, tiene un
costo, la incondicionalidad de los paniaguados. Con respecto al derecho internacional, lo ignora y se sienta en
las decisiones de Naciones Unidas: buenos ejemplos son los crímenes que comete
el sionismo israelí -el aliado más importante del imperio en el Medio Oriente-
o los que comete la soldadesca yanqui en Afganistán, en Sudán, en Irak,
etc. Frente a estos crímenes de lesa
humanidad, sus incondicionales aliados deben y tienen que guardar un cómplice
silencio y mirar para otro lado. Y,
cuando el sheriff de turno les ordena presentar alguna acusación sobre
supuestas violaciones de los derechos humanos contra Cuba, deben hacerlo, sin
consultar nada. La conducta del régimen
de Lagos en Chile, de Batle en Uruguay, de Toledo en Perú, de Fox en México y
de algunas repúblicas bananeras en Centroamérica, fue patética y miserable en
las acusaciones a Cuba por supuestas violaciones a los derechos humanos, en la
Comisión de Derechos Humanos en Ginebra y, frente a las violaciones de los
derechos humanos de los prisioneros de guerra yanquis e ingleses en Irak,
guardan -como he dicho- un cómplice silencio.
De las violaciones de los derechos humanos que los yanquis cometen a
diario contra los prisioneros de guerra en su base militar de Guantánamo, los
regímenes rastreros antes citados, no dicen una palabra... Lo grave es que guarde silencio la Comunidad
Europea, frente a tantos crímenes de víctimas inocentes. ¿Quién pudiera sacudir de su indiferencia y
cobardía a la clase política que gobierna Europa? Es indignante pensar que tenga que seguir adelante esta espantosa
e inútil matanza en Palestina-Cisjordania e Irak. Pero los gobiernos y la mayoría de la gente de la indolente
Comunidad Europea, viven al día, sin pensar y permiten tranquilos estos
crímenes tan horrorosos. Pero cuando
hay que aplicar sanciones económicas en contra del querido, culto, digno
solidario pueblo de Cuba, todos van a una.
El generoso pueblo del Maestro José Martí, les contesta con más de 15
mil médicos trabajando en 65 países del tercer mundo y la graduación de casi 45
mil estudiantes de nivel medio y superior, que no pudieron educarse en sus
países, porque allí la educación es privada, al alcance de los que la pueden
pagar.
El proceso de formación del imperialismo yanqui
globalizado, como lo hemos señalado, ha sido claro. Después extendió su zona de influencia y de conquista en el patio
trasero, Latinoamérica. Alcanzada su
primera etapa, es decir, rico y poderoso, impuso toda la gravitación de su
poderío a los gobiernos de Europa, África y Asia. Ahora, el sheriff de turno, tiene las riendas del carro político
y económico del mundo globalizado.
Estas condiciones de hecho, se acompañan necesariamente por una
orientación paralela, chovinista del sentimiento nacional -americano de
corazón- imponiéndole caracteres bien definidos a la mentalidad del ganado
enajenado, es decir, a la mayoría de individuos que componen los Estados Unidos
de América. El yanqui posee rasgos
psicológicos comunes, propios del sentimiento imperialista colectivo: cree en
la superioridad técnica de su raza y en la inevitable preponderancia política
de su país. Sabe que tal grandeza,
presente y futura, se funda en condiciones de prosperidad económica por sus
epígonos reconocida, supone que su nación -es vanguardia- marcha a la cabeza de
la civilización y del progreso, deduce que su pueblo tiene una visión directiva
y tutelar sobre la humanidad entera, encomendada por dios. Misión que debe ejercitar por todos los
medios -el fin justifica los medios- concurrentes a la realización del objetivo
providencial. El yanqui enajenado,
embrutecido por el consumo, las drogas, la pornografía, la religión y, en
general, por los medios mediáticos de comunicación, cree en la vida intensa predicada
por el sheriff de turno del imperio -a quien llaman presidente y que eligen un
40% de electores- como en la biblia.
La parte económica está en manos de las empresas
multinacionales y los bancos. Para
custodiar tan valiosos intereses, ha creado un poder militar jamás visto por la
humanidad.
El imperialismo requiere una educación
especialmente adaptada a sus fines: tener un pueblo de enajenados,
embrutecido. El culto de la gloria está
en todas las cosas, en todas partes, en todos los momentos. La escuela enseña a idolatrar los grandes
factores del nacionalismo yanqui. El
ejército es una segunda escuela de nacionalismo. La vida civil es la tercera escuela en la cual la religión
-especialmente las sectas- juega un rol muy importante. Las plazas, las avenidas, llevan nombres
evocadores de los héroes que dieron vida a "América".
El regimiento, la vida militar, constituye el
servicio de los ciudadanos a la patria.
Ésta da conformidad a los espíritus, descoyunta los caracteres
originales y vierte en cada soldado la gota de veneno que paraliza hasta los
gérmenes todo sentimiento de rebeldía.
El sentimiento de potencia, es una concreción
patológica del común sentimiento imperialista.
Es la exaltación mórbida de la raza y del individuo por el culto de los héroes
y del esfuerzo personal, en la aspiración al "más alto y más lejos"
en favor de la selección y de la jerarquía, remachando la disciplina para los
débiles y sumisos, al par que instituyendo una moral de fuerza para los pueblos
y los hombres dominadores.
El problema de la política imperialista afecta, y
muy de cerca, los destinos inmediatos de Latinoamérica. Su actual independencia es cuestión de forma
antes que de hecho. Se salió de la
dominación Ibérica, para convertirse en colonia económica de los países
desarrollados, en general, y de los Estados Unidos en particular. Las repúblicas latinoamericanas sólo existen
para los países desarrollados, en el mismo concepto de buenos clientes que los
territorios coloniales de África, Oceanía y Asia.
El futuro podría plantear problemas que modificaran
esta situación, siempre y cuando los pueblos latinoamericanos puedan sacudirse
de la lacra de las burguesías y su clase política paniaguada, que por décadas
carga sobre su espalda. No hay motivo
sociológico para creer que la Comunidad Europea y los EE. UU. conservarán
eternamente el primer puesto en la civilización humana, la que -por lo demás-
se ha desplazado muchas veces en la historia: cayó el imperio macedónico de
Alejandro Magno, cayó el imperio romano del César, cayó el tercer imperio de
los nazis, ahora le toca el turno al imperialismo yanqui globalizado. La historia lo exige así y ésta no
perdona. Ya apunta el día de la nueva
vida para Latinoamérica. Es impensable
que ésta permanezca débil, atrasada, subdesarrollada, impotente, sirviendo
sumisamente al imperio de turno.
La revolución liberadora, antiimperialista, que
tiene como vanguardia al heroico, digno, solidario y culto pueblo de Cuba, ya
no pertenece a un futuro lejano, es una realidad en el Continente de la
Esperanza, en Latinoamérica, porque la historia la hacen los pueblos...
Prof. Moreno-Peralta
Secretario Ejecutivo
AAJ Valparaíso/Aconcagua