COMISION DE DERECHOS HUMANOS
60° período de sesiones
Tema 7 del programa provisional
E/CN.4/2004/NGO/122
ESPAÑOL
Original: FRANCÉS
EL DERECHO AL DESAROLLO
Exposición escrita conjunta presentada por el Centro Europa-Tercer Mundo
(organización no gubernamental con carácter consultivo general) y la Asociación
Americana de Juristas, (organización no gubernamental reconocida como entidad
consultiva especial)
El Secretario General ha recibido la siguiente exposición por escrito que se
distribuye con arreglo a la resolución 1996/31 del Consejo Económico y Social.
[30 de Enero 2004]
Los peligros del ALCA y la necesidad urgente de una alternativa
para el desarrollo
1. Hace un poco más de un siglo, durante la conferencia interamericana de
Washington (1889), se le propuso, ya entonces, a América Latina integrar sus
economías a la de los Estados Unidos. Ese proyecto, el cual comprendía una
unión aduanera y, en su versión más audaz, una moneda común, finalmente
fracasó. Después de meses de negociaciones, los países latinoamericanos
encontraron los motivos y los recursos para rechazarlo. Los observadores
lucidos de la época no dejaron de denunciar las intenciones geopolíticas
estadounidenses. "Solo una respuesta unánime y firme puede liberar a los
pueblos de América [latina] de las perturbaciones que llevarían, con la
complicidad de repúblicas venales, la política de dominación de su potente
vecino, el cual no se volvió hacia ellos sino para impedir su expansión,
acaparar sus territorios, romper sus tratados con el resto del mundo y
obligarlos a comprar lo que no puede vender o a federarse para ser mejor
dominados" . Estas palabras de José Martí conservan hoy una actualidad
sorprendente en la perspectiva de la Área de Libre Comercio de las Américas
(ALCA/FTAA/ZLEA) , anunciada para 2005. El presente informe pretende aclarar
los peligros que comporta este tratado para el desarrollo y la soberanía de los
pueblos de América latina y el Caribe.
El ALCA: mito y realidad
2. El ALCA quiere establecer entre todos los países de América -con la notable
excepción de Cuba- una zona de libre comercio, cuyos objetivos son
"liberalizar el comercio, aumentar las inversiones por la liberalización
de los mercados, aumentar la competencia, eliminar las restricciones al libre
comercio (incluyendo las subvenciones a las industrias locales, ayudas al
comercio...)[y] al movimiento de capitales y de ejecutivos" . El espíritu
de esta integración consiste en una "convicción de las partes": la
prosperidad económica, así como también el refuerzo de las instituciones
democráticas y hasta los "lazos de amistad" serían condicionados por
la libertad de los mercados. Hace más de dos siglos que los ideólogos liberales
dan vueltas a este mito, que los hechos no han cesado de desmentir. Instaurado
entre socios desiguales, el libre comercio no puede sino tornarse en ventaja
del más fuerte. No garantiza el desarrollo ni es tampoco sinónimo de democracia
o de paz. La libre circulación de las mercancías y de capitales es pregonada
por las potentes firmas de los países más potentes porque ha reforzado, y
siempre reforzará, sus posiciones en los mercados. Los avances productivos y
comerciales de países del Sur, por lo demás escasos, en los mercados
internacionales con estructuras de oligopolios dominadas en todos los sectores
clave por las transnacionales del Norte, fueron obtenidos, a costa de
considerables esfuerzos, por Estados que imponen límites a la apertura y por su
voluntad de controlar las relaciones exteriores. Afectando a todos los
continentes, las crisis financieras de los últimos años han recordado la
fragilidad y la dependencia persistentes del Sur. La integración de América
latina y del Caribe (19% del PIB continental, contra 81% para los Estados
Unidos y Canadá) en el seno de un acuerdo de libre comercio que somete los más
débiles a una lógica neo-liberal que no funciona sino en beneficio de los más
fuertes, no sabría constituir, evidentemente, una solución a su crisis
estructural.
3. El ALCA no es una iniciativa latinoamericana: fue concebida, desde 1990, por
la administración de los Estados Unidos (de G. Bush) y relanzada (por G. W.
Bush) en la Cumbre de las Américas de 2001. Pretende oficialmente
"promover el desarrollo social en un marco de equidad", el objetivo
del tratado fue, sin embargo, presentado más prosaicamente al Congreso de los
Estados Unidos como debiendo "garantizar a nuestras empresas el control de
un territorio que se extiende desde el Polo Norte hasta la Antártica y asegurar
un acceso libre sobre todo el continente, a nuestros productos y servicios, a
nuestra tecnología y nuestros capitales, sin obstáculos ni dificultades" .
El ALCA constituye la pieza maestra -y el aspecto económico más determinante-
de una estrategia global de reorganización de la hegemonía de los Estados Unidos
sobre el sistema mundial, en la cual el control del hemisferio occidental
aparece primordial. Se trata para los Estados Unidos de conservar el liderazgo
sobre la tríada (Unión Europea y Japón), e incluso sobre potenciales rivales
(especialmente China), pero también impedir el surgimiento de relaciones de
cooperación entre países del Sur más respetuosos de sus intereses, en la línea
de proyectos antiguamente patrocinados por la CNUCED o la CEPAL, y más
recientemente por el G21 .
4. El ALCA ambiciona extender a la escala del continente el TLCAN (Tratado de
Libre Comercio de América del Norte, entre los Estados Unidos, Canadá y
México). La puesta en marcha de este último hace diez años había sido recibida
"a su manera", en Chiapas, por el EZLN. Su dinámica se inscribe en la
lógica neo-liberal de los planes de ajuste estructural las de reglas y medidas
de disciplina de la OMC. Para acelerar este proceso de integración a marchas
forzadas, hacer presión sobre los negociadores e intentar neutralizar las
oposiciones cada vez más vivas que plantea este proyecto, los Estados Unidos ya
han firmado una serie de tratados bilaterales o regionales -a veces todavía más
apremiantes. Otros acuerdos específicos y decisivos (Planes Colombia y Puebla
Panamá) completan este dispositivo, previendo incluso el recurso a las fuerzas
armadas. Es muy significativo que el ALCA sea propuesto en un momento de
debilitación de América latina (post crisis, endeudamiento, penetración del
capital extranjero...) y de implantación de nuevas bases estadounidenses en el
continente.
Un ataque contra la democracia, la soberanía y el desarrollo
5. El ALCA debe ser considerado, y combatido, por lo que es: un ataque contra
los derechos fundamentales de los pueblos de América latina y del Caribe a la
democracia, a la soberanía y al desarrollo. Las negociaciones de los ante
proyectos de acuerdo, durante las cuales el presidente G. W. Bush accionó un
procedimiento de emergencia (Fast Track, en agosto de 2002), se destacaron por
su falta de transparencia y, sobre todo, por sus violaciones a los principios
democráticos más elementales: ningún pueblo americano -ni si quiera sus
representantes en el Parlamento- fue debidamente informado, invitado a las
discusiones, consultado o llamado a pronunciarse sobre la firma del tratado más
determinante para el futuro del continente. Esta es la manera como los
partidarios del ALCA conciben la participación, la libertad de expresión, el
debate contradictorio y la búsqueda de un consenso en las "34 democracias
americanas". El objetivo de este tratado no es poner en marcha un proyecto
de sociedad el cual responda a las necesidades urgentes de la inmensa mayoría
de la población; sino simular un proceso legitimo de elaboración de un marco
legal que permita el saqueo del hemisferio por parte de una ínfima minoría de
poseedores.
6. El ejercicio de la soberanía nacional, ya muy debilitada por el
neo-liberalismo, se ve directamente amenazada por el ALCA y limitado por la
supremacía de los tratados . Éste es el caso del capítulo relativo a las
inversiones -réplica exacta del Acuerdo Multilateral sobre las Inversiones
(AMI), desviado sin embargo, hace poco, por la movilización popular-: no se
contenta solamente en dar privilegios exorbitantes a los propietarios del
capital (tratamiento nacional), proteger a sus propietarios intelectuales
(patentes) y abrirles las puertas de todos los sectores clave, incluido los
servicios públicos (educación, salud ...) y los recursos naturales (agua,
biodiversidad ...); niega al Estado receptor del capital extranjero el derecho
a poner el más mínimo límite a los inversionistas (o especuladores), ya sea en
materia de exportaciones, de acceso a la tecnología, de contenido en empleos o
del respeto del medio ambiente.
7. Los derechos sociales de los trabajadores y de los pueblos siguen siendo los
grandes ausentes del ante proyecto de acuerdo. Su composición caricatural da
una idea del lugar que ocupan en las preocupaciones de sus promotores: un corto
preámbulo enunciando las pretendidas virtudes del libre comercio y varios
deseos piadosos preceden la enumeración, con muchos detalles, de los múltiples
derechos sin deberes garantizados al gran capital. A imagen del TLCAN, pero a
diferencia de la Unión Europea o del Mercado Común del Sur (MERCOSUR), el ALCA
escoge reproducir en su seno la dicotomía fundamental del sistema mundial
capitalista, la de los mercados integrados en todas las dimensiones, exceptuada
la del trabajo: la libertad de circulación en el continente no concernirá las
personas -excepto los "hombres de negocios". Teniendo en cuenta las
fuertes diferencias de productividad entre países, los efectos esperados de una
liberalización de los movimientos de mercancías y de capitales, simultáneamente
prohibida a los trabajadores por el cierre de la frontera del Río Grande, serán
ciertamente las mismas observadas en México con el TLCAN. Aparte de un aumento
espectacular de las exportaciones en diez años , la economía mexicana se
caracteriza sobre todo por: intercambios exteriores que dependen cada vez más del
mercado de los Estados Unidos; las maquiladoras con condiciones de trabajo
absolutamente inadmisibles; las producciones agrícolas aplastadas por la
competencia de una agricultura estadounidense moderna, subvencionada y
protegida; las pérdidas de empleos y de poder adquisitivo de los bajos
salarios; las capas siempre más numerosas de la población sumidas en la
pobreza; la explosión de las tentativas de emigración clandestina; y verdaderos
escándalos ecológicos. Ejemplo: en 2000, el Estado mexicano fue condenado por
"expropiación" por el tribunal del Centro internacional de la
Resolución de conflictos ligados a la inversión, a pagar más de 16 millones de
dólares a Metalclad, firma estadounidense, porque había exigido de ésta que
pusiera fin a una descarga de productos considerados como peligrosos para la
salud y para el medio ambiente .
El imperativo de las resistencias, la urgencia de las alternativas
8. La inminencia y la gravedad de los peligros del ALCA han provocado el
crecimiento de las oposiciones a su entrada en vigor. Las resistencias
convergen de todos los sectores progresistas de las sociedades civiles
latinoamericanas y caribeñas: partidos políticos, sindicatos de trabajadores
obreros o campesinos, movimientos sociales, indígenas, feministas... El auge de
los comités de lucha y el éxito de las manifestaciones, marchas y
consultaciones populares han contribuido a informar, movilizar y organizar los
pueblos de todo el continente. En septiembre de 2002, más de 10 millones de
brasileros dijeron no al ALCA. Apoyados por este formidable impulso popular,
ciertos Estados (Cuba, Venezuela) supieron resistir y formular críticas
radicales contra el proyecto destructor, mientras que otros (bajo el impulso de
Brasil) pudieron renegociar el calendario y retrasar el plazo, recordando que
otra integración era y seguía siendo posible.
9. La nueva dinamización de MERCOSUR (que une a Argentina, Brasil, Paraguay y
Uruguay), como también la del Pacto Andino o los mercados comunes de América
central y del Caribe, constituye seguramente la vía de la integración en
bloques regionales susceptibles de hacer contra peso a la hegemonía
estadounidense. Pero para liberarse de esta última y para reforzarse, estas
regionalizaciones tendrán que obedecer a una lógica diferente, puesta al
servicio de los pueblos. Deben en particular adaptarse a las exigencias propias
de desarrollo de sus economías; construirse sobre bases sociales sólidas; ser
concebidas de manera autónoma, democrática, respetuosa de los derechos de los
individuos y de los pueblos, pero también del medio ambiente; responder a las
necesidades de los pueblos con programas públicos voluntaristas de
autosuficiencia alimenticia, de salud, de educación, de infraestructura...;
crear los mecanismos adecuados de perecuación de los recursos asegurando una
reducción tan rápida como sea posible de las inigualdades intra- e
internacionales; encontrar las formas apropiadas de cooperación y de
harmonización de las decisiones...
10. El ALCA es la negación pura y simple de los derechos humanos, y
especialmente el de la autodeterminación de los pueblos, pilar de la Carta
Internacional de los Derechos Humanos . La Declaración sobre el Derecho al
Desarrollo, inspirada en los Pactos relativos a los Derechos Humanos, reafirma
el derecho inalienable de los pueblos a la "soberanía plena de todas sus
riquezas y recursos naturales" . Es inaudito que los Estados apliquen
políticas o concluyan acuerdos económicos que contravengan los instrumentos
internacionales en materia de Derechos Humanos, siendo la protección y la
promoción de los Derechos Humanos una obligación de estos últimos. Por esto el
Centro Europa-Tercer Mundo (CETIM) y la Asociación Americana de Juristas (AAJ)
exhortan los gobiernos de los países de América latina y del Caribe a rechazar
el ALCA, en su forma actual, con el fin de que los derechos de los pueblos
latinoamericanos y caribeños a decidir soberanamente y a seguir siendo los
dueños de su futuro colectivo sean respetados.